Joan Gil era un alumno de 2º de bachiller del curso 18-19. Actualmente se encuentra estudiando el doble grado
de Derecho y Criminología. Brillante alumno y mejor persona que dejó huella a nuestro colegio como 5º finalista en las Olimpiadas de Economía de la Universidad de Valencia. Os dejamos aquí la entrevista que le realizaron nuestros compañeros.

¿Qué se siente al haber sido premiado como uno de los finalistas de las Olimpiadas de Economía?
Al principio no me lo creía, me sorprendió bastante porque había materia de primero de bachiller que pensaba que no recordaría porque hacía tiempo que no la veíamos. Además, yo iba simplemente por vivir una experiencia nueva y conocer un poco mejor la universidad desde dentro, así que no me estuve preparando mucho, solo un par de días que la profesora nos recordó algunos conceptos importantes en clases extraordinarias. De hecho, la primera vez que me llamaron ni siquiera lo cogí. Mis compañeros me decían que podía ser por los resultados de las Olimpiadas, que saldrían esa misma semana, pero yo no llegaba a creérmelo. Cuando me di cuenta que esa era la causa me quedé impactado, y solo podía pensar en todo lo que iba a conllevar ese premio.
Cuando pasaste a la fase nacional, ¿cómo te resultó la experiencia?
Creo que ha sido la mejor experiencia en cuanto a las Olimpiadas de Economía, porque no era únicamente hacer un examen o asistir a una gala, sino que me ha aportado muchas más experiencias ajenas a una mera prueba, como conocer gente de todas las partes del país y compartir con ellos el musical al que asistimos, las visitas por Madrid y la oportunidad de acceder a lugares privilegiados que no están normalmente abiertos al público, como el Banco de España o el Palacio de Cibeles. Al final, lo que más me llevo de esta experiencia es todo lo que viví en esos tres días y la gente que conocí, mucho más que el premio.
¿Qué consejos darías a alguien que se presentara a las olimpiadas del próximo curso?
En primer lugar le aconsejaría que no se lo tome como una competición, sino como un medio para evadirse del estrés que provoca segundo de bachiller, adquirir nuevas experiencias académicas y, sobre todo, reivindicar el importante papel que tiene la economía en la vida diaria y la necesidad de estudiarla en los centros. Por esto, no es necesario prepararse el examen de las Olimpiadas como si de selectividad se tratase, ya que si durante el bachiller te has esforzado por aprobar, no habrá ningún problema en contestar todas las preguntas del examen. Recordarás muchos conocimientos que ya tienes interiorizados, aunque luego para evaluar entran variables como la capacidad de desarrollo o la facilidad para la realización de problemas numéricos. También, hay que controlar los nervios porque pueden jugar una mala pasada y recordar siempre que no te estás jugando nada al realizar la prueba.
¿Qué tal en la universidad, crees que tienes buena base de las asignaturas de bachiller? ¿Qué diferencias hay entre uno y otro?
En la Universidad muy bien, es una experiencia totalmente diferente al bachiller. En primer lugar, hay un numero mucho mayor de estudiantes y, por eso, no te prestan tanta atención como en el instituto, eres mucho más independiente, no todas las clases son presenciales, tienes una mayor cantidad de actividades, tienes que desplazarte a otro lugar, los almuerzos puedes hacerlos en la cafetería, puedes usar dispositivos electrónicos en las clases, salir de ellas sin pedir permiso, etc. Es una rutina muy diferente.
En cuanto a las asignaturas, creo que una buena base de bachiller puede ayudarte a facilitarte el estudio de las diferentes materias, ya que a pesar de haber asignaturas que no se cursan en ningún otro año anterior, hay otras en las que reaparecen conocimientos que ya se han estudiado, como la economía, la historia, la geografía o la filosofía en mi caso.
¿Ha sido importante el apoyo de un buen profesor que te haya incitado a seguir?
Por supuesto, creo que en la mayoría de los casos es el profesor el que hace que a los alumnos les guste la asignatura. Si te gusta mucho la materia pero el profesor la explica de una forma que no te convence, puede provocar que te empiece a parecer indiferente o, incluso, llegue a no gustarte. En mi caso, siempre he tenido el apoyo de Ester para tomar las decisiones que yo he deseado, sin notarme presionado u obligado a actuar de cierta forma, y creo que eso ha hecho que me guste más la asignatura y me interese por ella con una mayor motivación, lo que se deriva en unos bueno resultados. En conclusión, pienso que un profesor que te anime a estudiar más la materia y a seguir esforzándote es imprescindible para alcanzar tus objetivos.